El Dios perfecto. 

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Salmos 138:8

“El SEÑOR llevará a cabo los planes que tiene para mi vida, pues tu fiel amor, oh SEÑOR, permanece para siempre. No me abandones, porque tú me creaste.”

Cuando nuestros proyectos y metas no solo nos traen bendición a nosotros sino que benefician a nuestros familiares y a todas las personas a nuestro alrededor, es porque realmente Dios estuvo detrás de nosotros; pero cuando nuestras “metas y sueños” están sustentadas en nuestros fines egoístas y caprichosos la bendición nunca llega.

Dios nos conoció antes de crearnos, porque ÉL nos hizo a su imagen y semejanza.  Si no hemos logrado conseguir algo es porque no hemos acudido a Dios para poner ante ÉL nuestras metas.  Cuando nos establecemos grandes metas nos esforzaremos por ellas y aumentaremos nuestro nivel y calidad de vida, si y solo si está Dios de por medio.

Mucha gente confunde metas con medios y no es lo mismo. Nosotros podemos establecernos metas en nuestra vida pero si no utilizamos los medios correctos nunca las alcanzaremos.

No podemos permitir que nuestro pasado ni el pasado de nuestra familia nos condene, tenemos que dejar todo temor y todo prejuicio de lado. El propósito de Dios es que seamos conquistadores de grandes desafíos.

Debemos concentrar nuestros sentidos ojos, boca, manos, mente y corazón en hacer lo bueno para poder alcanzar nuestras metas.

Nunca podremos hacer lo malo y pretender vivir bien, necesitamos aprender a hacer lo bueno y así empezar a vivir bien. No pensemos que algo “no es tan malo”, las cosas son buenas o son malas, no hay puntos intermedios. Si estamos haciendo lo correcto, podemos tener la tranquilidad de que Dios estará con nosotros aunque las circunstancias quieran hacernos creer lo contrario.

Tenemos que renunciar al orgullo, porque este daña los mejores sueños, no importa lo que implique hacer lo bueno, no importa como quede nuestra imagen después de hacer lo bueno, siempre va a valer la pena.

Recordemos que toda meta demanda un proceso, tenemos que esforzarnos, prepararnos, ahorrar dinero, ahorrar esfuerzo, concentrarnos, enfocarnos, en fin, son muchas cosas las que considerar antes de ver una meta realizada.

Debemos recordar que el propósito de nuestras metas debe ser para beneficio nuestro pero también para beneficio de otros, así encontraremos una verdadera razón para esforzarnos.

Para lograr nuestras metas debe haber honor en nosotros y ello solo sucede cuando hacemos la voluntad de Dios.

Cuando trazamos metas pero no lo sujetamos al propósito y principios de Dios, nuestras metas se quedarán escritas en el papel y nunca se realizarán; pero cuando tenemos clara la preeminencia de Dios en nuestra vida, nuestras metas se convierten en el motor que cada mañana nos animará a dar la milla extra, porque estaremos caminando bajo los planes de Dios.

Dios le bendiga grandemente.

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