¡Como el águila!

>
Salmo 103:1-5

“Que todo lo que soy alabe al SEÑOR; con todo el corazón alabaré su santo nombre.
Que todo lo que soy alabe al SEÑOR; que nunca olvide todas las cosas buenas que hace por mí.
Él perdona todos mis pecados y sana todas mis enfermedades.
Me redime de la muerte y me corona de amor y tiernas misericordias.
Colma mi vida de cosas buenas;
¡mi juventud se renueva como la del águila!”

Nadie sobre la faz de la tierra puede negar las bendiciones de Dios en su vida.  Absolutamente nadie.  Conozcamos o no al Dios de Jacob, de Abraham y de David, todos nosotros sin temor a equivocarme hemos recibido cuando menos una bendición irrefutable: nacer. Así es. Vivir. Despertar día a día.  Y para quienes vivimos en la fe, otra bendición infinitamente grande, yo le llamo milagro: la salvación. Si.  Y Jesucristo dio su vida para ello.

Nunca ninguno de nosotros podremos pagar lo que Dios hace día a día en nuestra vida. Cuando Dios nos bendice, realmente ÉL nos está concediendo un favor, y la única manera en que nosotros podemos bendecir a Dios es ALABÁNDOLE.

Este Salmo dice “todo lo que soy”, lo que significa que para alabar a Dios lo debemos hacer con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todo nuestro corazón.

Pero no basta con alabar a Dios con todo nuestro ser, la alabanza a ÉL implica anunciar -en medio de nuestra adoración hacia ÉL- lo que Dios es y lo que Dios ha hecho en nuestra vida.

Hoy es el día del Señor.  Alabémosle y adorémosle como solo Dios se merece.  Pongamos en alto y adoremos el nombre que es sobre todo nombre, el de Jesucristo Su Hijo, y que el poder del poderoso Espíritu Santo sea sobre todos nosotros.

Dios les bendiga grandemente.

Recibe gratis en tu e-mail las reflexiones de El Principio.