El camino perfecto.

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Salmos 119:1-2 (NTV)

“¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del SEÑOR!
¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan!”

Para quienes dependemos del Dios de los ejércitos, nuestro camino en los negocios o en nuestro trabajo puede resultar lento, pero seguro cuando lo hacemos bajo Sus estatutos, cuando lo hacemos con integridad.

La Integridad  define lo que está completo, lo que tiene todas sus partes en el lugar donde deben de estar. La integridad está en quien posee una entereza moral, en quien tiene una perfecta probidad (rectitud), en quien tiene honradez en el obrar.

La integridad conlleva no dividir nuestra alma de acuerdo a las circunstancias, la integridad conlleva ser el mismo bajo cualquier circunstancia que se nos presente y ser el mismo en todo lugar y ante cualquier gente.

Cuantas veces nuestra falta de integridad nos lleva a enojarnos con Dios por la falta prosperidad o éxito en nuestro trabajo o negocios.  Estamos tan acostumbrados a hacer nuestro trabajo o llevar nuestro negocio a nuestra manera y no la de Dios, que ya ni nos damos cuenta que hacer lo malo ya lo hicimos una costumbre, y vivimos enojados con Dios y todo el mundo por lo mal que nos va.

El que se apresura a ser rico pagará las consecuencias de su amor al dinero, esto es, no será inocente ni estará seguro, pero la constante perseverancia al ser hacedores de la Palabra indudablemente nos hace actuar correctamente, y aunque tarden más tiempo en llegar las riquezas de Dios a nuestra vida, seguramente en un inicio traerán paz a nuestra vida.

Cuando hacemos lo que es justo y recto somos semejantes a uno que camina sobre una roca, pues tenemos confianza de que cada paso que damos será sobre un terreno sólido y seguro.

Aferrémonos a la verdad y a la justicia. Imitemos a nuestro Señor Jesucristo, en cuya boca no se encontró engaño jamás.  No tengamos miedo a esperar trabajando como Dios quiere que lo hagamos, aunque requiera de tiempo.  Nunca, por ninguna causa, hagamos algo que nuestra conciencia no pueda justificar.

Si perdiéramos la paz interior, perderíamos más de lo que una fortuna podría comprar. Si nos mantenemos en el propio camino del Señor y no pecamos nunca contra nuestra conciencia, no solo en el trabajo o los negocios, sino en todos los aspectos de nuestra vida, nuestro camino siempre será seguro, nuestra recompensa siempre llegará en el momento adecuado.

Dios les bendiga grandemente.

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