Salmo19:12-13

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“¿Cómo puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón?
Límpiame de estas faltas ocultas.
¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente!
No permitas que estos pecados me controlen.
Entonces estaré libre de culpa y seré inocente
de grandes pecados.”

Salmo19:12-13 (RV60)
“¿Quién podrá entender sus propios errores?
Líbrame de los que me son ocultos.
Preserva también a tu siervo de las soberbias;
Que no se enseñoreen de mí;
Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.”

Sin duda uno de los grandes propósitos de Dios es que todos nosotros, voluntariamente, le reconozcamos como nuestro Creador, le reconozcamos como nuestro Dios, le reconozcamos como nuestro Dueño y nuestro Señor, y por tanto le obedezcamos en gratitud, para beneficio y bendición de cada uno de nosotros.

Nosotros fuimos creados para que tengamos amistad con Dios y en esa amistad, en esa relación de intimidad con ÉL, entonces seamos verdaderamente libres. Es por ello que Dios nos hizo libres respecto de nuestra voluntad para poder tomar decisiones, y en ese libre albedrio seguirle a Él, pues solamente de esa manera es como podemos disfrutar de la libertad que Dios nos da a través de buscar y seguir la única VERDAD que nos hace libres: Su Hijo Jesucristo (Juan 8:32).

Sin embargo, Dios en Su omnisciencia sabía que el hombre le fallaría al gozar de esta libertad en su voluntad. El hombre, desde la desobediencia de Adán, siempre se ha considerado «autosuficiente y capacitado» para tomar sus decisiones sin consultar a nadie y mucho menos a Dios. Aquí es donde esa libertad en nuestra voluntad puede resultar perjudicial para nuestra vida si no aprendemos a usarla adecuadamente, pues de lo contrario estaremos enfrentando graves consecuencias.

Lo que ha sucedido es que se ha confundido la libre voluntad del hombre (libertad) con el desenfreno en el uso de esa libertad o con el desenfreno en su conducta (libertinaje).

Muchos padres nos quejamos de que nuestros hijos no nos obedecen y ello sucede porque nuestros hijos no permiten que el ejercicio de su libertad les sea coartado, pero sobre todo sucede porque nosotros como padres tampoco obedecemos a Dios. Cómo es posible que esperemos obediencia cuando en nosotros no la hay. Cuidado!!!

Solo el temor de Dios puede hacer que esa libertad en nuestra voluntad no se extralimite y pueda tener un orden y un control sobrenatural.

La libertad es dada por Dios a cada uno de nosotros y nadie, absolutamente nadie, tiene la autoridad ni el derecho de adueñarse de los demás, ni aún nosotros como padres sobre nuestros hijos, y con ello no me refiero a la disciplina que debemos ejercer sobre ellos. No. La misma Palabra nos dice que el que ama a su hijo le debe disciplinar.

Adueñarse se refiere a la soberbia manifestada en algunos de nosotros cuando intentamos hacer de los demás nuestras posesiones, tomando dominio y autoridad para manejarlos a nuestro antojo. Cuidado porque esto es ir en contra de lo establecido por Dios nuestro Señor y con ello estamos coartando y ultrajando un principio que para Dios es de mucho valor: la libertad de voluntad que hay en todas las personas y el respeto que a su vez nos merecen.

Si Dios nuestro Señor respeta nuestra voluntad, por qué nosotros no debiéramos hacer lo mismo para con los demás?

Debemos respetar a nuestro prójimo si queremos que se nos respete a nosotros. No podemos obligar a las personas a ver la situación como nosotros la vemos, ni forzarlos a cambiar de opinión. Podemos darles un consejo y podemos instruirles, podemos orar por ellos, pero jamás empujarlos a pensar como nosotros o hacer las cosas como nosotros. Eso es soberbia y altivez de espíritu, lo cual es pecado y trae serias consecuencias al que lo practica. No podemos intentar hacer de los demás una copia de nosotros mismos. Debemos entender que cada quien es diferente y por lo tanto merece que se le respete.

Ninguna persona es propiedad de otra, ni aun los hijos. Estos nos son dados por Dios a nosotros como padres para que sean criados con amor. Dios es Su dueño y algún día nosotros tendremos que dar cuentas a Dios por cada uno de ellos.

Como padres responsables debemos pedir sabiduría a Dios para lograr que nuestros hijos cedan voluntariamente a nuestra autoridad, sin provocar en ellos ira, sino que los podamos criar en disciplina y amor de Dios. (Efesios 6:4) Y esa autoridad a la que me refiero es un reconocimiento de nuestros hijos hacia nosotros, no una imposición de nosotros hacia ellos, que es muy diferente.

Y que pasa con nuestro matrimonio? Cuantos de nosotros nos posesionamos de nuestra pareja, asfixiando y deteriorando poco a poco lo hermoso de nuestra relación. Coartamos la libertad de nuestro cónyuge a tal grado que nos convertimos en sus dueños y manipuladores, cuando la verdadera razón por la cual Dios instituyó el matrimonio es para que como pareja nos amemos y respetemos, y no para que nos posesionemos el uno del otro.

Aprendamos a respetar la libertad que Dios nos dio a cada uno de nosotros, aprendamos a vivir y ejercitar la libertad conforme al valor y propósito para lo cual nos fue dada por Dios. Pidamos a Dios nos de sabiduría y que ÉL disponga nuestro corazón para reconocer, si no lo habíamos hecho, de que debemos amar y respetar a los demás como son, sin pretender cambiar su forma de ser o sus circunstancias, porque todo ello le corresponde a Dios, nuestro maravilloso Creador.

Dios les bendiga abundantemente.

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