Matrimonios para Dios.

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1 Corintios 7:16 (NTV)

“Acaso ustedes, esposas, no se dan cuenta de que sus maridos podrían ser salvos a causa de ustedes? Y ustedes, esposos, ¿no se dan cuenta de que sus esposas podrían ser salvas a causa de ustedes?”

En versículos anteriores a este podemos ver que el Apóstol Pablo aconseja, tanto al hombre como a la mujer creyente, a no separase de su esposa o esposo no creyente, por el beneficio que obtienen estos últimos.

Cuando solo uno de los cónyuges decide seguir a Cristo, sin duda se vive una situación difícil dentro del hogar, pues se traduce en una constante lucha entre los pensamientos de la carne del que no conoce la Palabra y del creyente.

En la mayoría de los casos es la mujer la que primero conoce de Cristo, ya sea porque en nosotras se carga más la responsabilidad de los hijos y el hogar, ya sea porque nosotras somos más sentimiento; y por el contrario, el hombre es más racional, más analítico, y bueno, como dice la Palabra que para algunos es locura seguir a Cristo, resulta mayormente difícil que el hombre acepte la Palabra.

Un ejemplo claro de lo que acabo de explicar es el por qué Jesús ya resucitado se presentó primero a las mujeres, quienes a su vez fueron a informar a los discípulos de ÉL, y si recordamos un poco este pasaje de las Escrituras, ellos aun viéndolo no creían.

Hoy nos pasa lo mismo a nosotras quienes conocemos del Señor y queremos que en nuestra casa todos crean en ÉL y le conozcan, sobre todo nuestro esposo.  Desafortunadamente  no nos creen, nos tachan de locas y fanáticas, porque a los que están a nuestro alrededor les asusta lo que escuchan o ven en nosotras.

Cuando conocemos al Señor Jesús es inevitable hablar de ÉL y de lo maravilloso que es, es inevitable hablar de los milagros y testimonios que vemos y escuchamos, queriéndolo gritar a los cuatro vientos, lo cual en sí no es malo; el problema es la manera en qué lo hacemos, el problema es nuestro testimonio.

“La mujer sabia edifica su hogar, pero la necia con sus propias manos lo destruye.” Proverbios 14:1(NTV)

Como mujeres se nos da muy fácil la necedad, y es por ello el Dios nos da este buen consejo el día de hoy.

Que gran responsabilidad tenemos.  Como EDIFICADORAS somos las que construimos nuestro hogar día a día, y si Dios mismo nos llama así es porque ÉL nos dio la capacidad para edificar nuestro hogar con todos los dones y frutos que Dios nos ha dado. Pero solo teniendo la sabiduría de Dios podemos hacerlo.

Pero leamos la segunda parte, también nos llama NECIAS, y es porque también tenemos la capacidad de serlo. Fuerte pero cierto.

Retomando el punto en el que nuestro esposo no es creyente.  ¿Cómo es nuestro actuar delante de el? Realmente estamos siendo esas mujeres pacificadoras y sabias que dice la Biblia?

Cuando vemos en el versículo de hoy que nos dice que a causa de nosotras nuestro esposo puede ser salvo, no es por que seamos “santas” o por conocer de Jesús, de ninguna manera.  A lo que se refiere es a nuestro testimonio, a nuestra forma de conducirnos con nuestro esposo; eso, precisamente eso es lo que hace que él se acerque o se aleje de Dios.

Les comento esto como testimonio, muchas veces por la desesperación de querer que las cosas cambien comentemos el gravísimo error de tratar de cambiar a las personas, y eso nunca va a pasar porque solo el ESPÍRITU SANTO tiene ese poder.

La religiosidad viene a nosotros porque como ya sabemos mucho de la biblia, oramos bien bonito, servimos en la iglesia y somos más “espirituales” que nuestro esposo, entonces nos sentimos con la autoridad de restregarles la Biblia en todo lo que ellos hacen.  Ojo, porque en realidad estamos siendo NECIAS y acusadoras, pasando a ser todo lo contrario de lo que Dios quiere de nosotras y es cuando nuestras actitudes no permiten que los que están a nuestro alrededor crean.

El versículo de Proverbios también nos habla de que con las manos destruimos, vaya que si, pues ello quiere decir que con nuestras actitudes religiosas estorbamos la obra que solo Dios, a través de su Espíritu Santo, quiere hacer sobre nuestro esposo.

Nosotras mujeres, no podemos cambiar a nuestros esposos, pero Dios SI puede.

“…porque ninguna cosa será imposible para Dios.” Lucas 1:37(NTV)

Solo Dios puede quebrantar un corazón duro, nosotras solo tenemos que persistir en la oración y ser sabias, creyendo que Dios tiene los tiempos y el control de todo.

Seamos realmente mujeres de bendición y no de tropiezo, seamos esas mujeres de verdad, valientes, sabias y llenas del amor de Dios.

Dios les bendiga enormemente.

Erika.

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