¡Levántate en Dios!

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Proverbios 24:16-16

“No aceches, oh impío, la morada del justo, no destruyas su lugar de descanso; porque el justo cae siete veces; y vuelve a levantarse, pero los impíos caerán en la desgracia.”

Algunas veces se piensa que cuando se quiere ser un campeón nunca se tienen dificultades o caídas. Dios sabe que a diario estamos expuestos a situaciones y condiciones difíciles, pero ÉL está listo para levantar a aquel que se dispone a ser levantado. El hecho de que vivamos fracasos o que no hayamos podido superar algunas debilidades tan pronto como quisiéramos, no quiere decir que somos personas derrotadas. Lo importante es reconocer nuestra débil condición y por ende nuestra absoluta necesidad de Dios.

Es inevitable que existan personas que quieran vernos mal y que celebren nuestros fracasos, pero esta realidad no debe frustrarnos ni desanimarnos; debemos enfocarnos en la seguridad de que tenemos un Dios victorioso y que de Su mano no hay situación adversa que no pueda superarse.  Dios nos va a levantar, ese es su mayor deseo al vernos decaídos y sin fuerzas.

Todo atleta que quiere ser un campeón necesita concentrarse en la meta, avanzar y creer en que puede alcanzarla, esforzarse, y si cae, volverse a levantar con una victoria contundente.

CUIDEMOS nuestra familia, pues es el preciado tesoro que Dios nos ha confiado, por ello debemos identificar todo tipo de ataque que atente en contra de su bienestar y seguridad.

Debemos estar alertas y asumir con responsabilidad el rol de padres (mamá y papá) que Dios nos ha dado, pues no debemos pretender que nuestra labor la asuma un maestro, las redes sociales, el psicólogo o el pastor; es necesario que nos levantemos y defendamos los principios que como padres hemos dado a nuestros hijos. Los padres somos la mayor influencia que ellos pueden tener. Dediquémosles tiempo y enterémonos de sus pensamientos y sueños, conozcamos sus temores y debilidades, apoyémosles y hagámosles sentir la seguridad de tenernos como padres.

Los esposos debemos asegurarnos de que nuestra relación de pareja permanezca sana, pues de ello depende que el corazón de nuestros hijos también lo esté. Si existen rencores y resentimientos en la pareja, nuestras palabras y enseñanzas hacia nuestros hijos estarán contaminadas, siendo esa la influencia que les brindemos. Levantemos un altar familiar e invitemos al Señor a nuestra casa, hagamos de ese momento un tiempo especial orando con nuestra familia y fortaleciéndolos con la Palabra de Dios. Si hay enfermedades en nuestra casa, recordemos que tenemos un Dios sanador; si falta provisión en nuestra casa, recordemos que Dios es nuestro proveedor; si tenemos alguna situación de injusticia en casa, invoquemos a nuestro Dios de justicia; si hay tristeza o angustia en nuestra casa, clamemos a nuestro Dios de paz. Propongámonos levantar nuestra familia llenándola del amor de Dios, usando palabras de respeto y procurando siempre la unidad.

CUMPLAMOS nuestros sueños, y para ello debemos recordar que Sus oídos están atentos a nuestro  clamor, pues éste es el mejor síntoma de nuestra fe. Hay sueños que no podemos dejar caer asumiendo una actitud de incredulidad y derrota. Dios nos dice en Su Palabra que escribamos la visión, la declaremos y luego corramos en ella (Habacuc 2:1); por lo tanto, no caigamos en el desánimo, invoquemos al Señor nuestro Dios escribiendo ese sueño que hay en nuestro corazón, declaremos en fe que lo lograremos y trabajemos en él con la seguridad de que Dios nos respaldará y en ÉL todo lo podremos alcanzar.

LEVANTÉMONOS en Dios. En medio de toda dificultad, el único que puede levantarnos y restaurar es Dios; no hay amigo, familiar o psicólogo que pueda hacerlo, pues ÉL nos forma de tal manera que podamos estar de pie ante la adversidad, siempre y cuando permanezcamos de rodillas ante ÉL. Cuando asumimos esa actitud, Dios abastece de fuerza y de paz nuestra vida, nos da ideas creativas y limpia nuestro corazón. Presentémosle nuestras debilidades y luchas con sinceridad, hablémosle del dolor que hay en nuestro interior y permitámosle que ÉL nos levante. No nos detengamos a escuchar los comentarios de derrota que la gente pueda hacer a nuestro alrededor, enfoquémonos  en nuestros sueños, enfoquémonos en Dios.

Nunca olvidemos que Dios nos dio vida para cumplir un propósito. ÉL desea moldearnos y hacer de nosotros un campeón, una persona de influencia en nuestra casa y en todo lugar en el que nos desarrollemos. No tratemos de ajustarnos a nuestros criterios, enfoquémonos en agradar a Dios en todas las cosas recordando que fuimos diseñados por ÉL y para ÉL.

En ocasiones es el ego en nuestro corazón lo que no nos permite avanzar y superarnos. Hoy te animo a que nos despojemos de toda inmadurez y soberbia, pues es a la gente humilde, responsable, enfocada y comprometida, a la que Dios puede levantar.

Levantemos nuestras vidas, nuestras familias y nuestros sueños en Dios; solo Dios puede poner en nuestras manos la victoria; solo con Dios todo lo que hagamos dará fruto.

Dios les bendiga grandemente.

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