¿Tenemos dominio propio?

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1 Pedro 5:8-9 (NVI)
“Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos.”

Conforme vamos creciendo en nuestra edad y, por consiguiente vamos adquiriendo nuevas y variadas experiencias de vida, vamos adquiriendo una errónea autosuficiencia, pues no estamos para que nos sigan diciendo qué hacer o qué no hacer, es decir, no estamos para escuchar consejos. ¿A poco no?

Nosotros llevamos día con día el duro y reiterado ejercicio de tomar decisiones y para ello necesariamente requerimos de los suficientes elementos de juicio para poder tomar las decisiones correctas, según fuimos enseñados.

Un ejemplo de gran relevancia y que muestra la naturaleza necia del ser humano para tomar decisiones, fue el caso de Adán y Eva. Todos sabemos qué fue lo que sucedió con ellos y las fatales consecuencias que trajeron a la humanidad sus equivocadas decisiones.

La Palabra de hoy nos lleva a tener dominio propio y a estar alertas, y para poder hablar de este tema es indispensable considerar diversos aspectos que influyen y nos confunden en el ejercicio de dicho dominio propio, en el ejercicio de estar alertas: El libre albedrio o libre elección, la voluntad y la libertad.

El LIBRE ALBEDRÍO es uno de los valiosos regalos dados por Dios al hombre a través de lo cual ejercitamos la voluntad para tomar nuestras propias decisiones. Siendo Dios el dueño de todas las almas, por cuanto ÉL las creó a su imagen y semejanza, jamás ha coartado esa libertad. Su propósito no fue hacer marionetas, títeres o robots a los cuales ÉL pudiera manejar a su antojo. Dios no consideró la creación del hombre como un juego; todo lo contrario. Por algo somos su máxima creación.

«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» (Génesis1:27 RV60)

Su propósito es que todos nosotros voluntariamente le reconozcamos como nuestro Creador, nuestro Dios, nuestro Dueño y Señor, y por tanto le obedezcamos en gratitud, para beneficio y bendición de cada uno de nosotros. Fuimos creados para que tengamos amistad con ÉL y seamos entonces verdaderamente libres. Ese libre albedrío nos fue dado para que cada cual tome la decisión, de su propia voluntad, de seguirle a ÉL; solamente haciéndolo así, podemos disfrutar de la verdadera libertad.

El hombre, desde la desobediencia de Adán, siempre se ha considerado «autosuficiente y capacitado» para tomar sus decisiones sin consultar a nadie y mucho menos a Dios.

Esto quiere decir que este gran tema del libre albedrío es un arma de doble filo, ya que si no aprendemos a usarlo adecuadamente estaremos enfrentando severas consecuencias, siendo la peor de todas, la muerte eterna.

Y que podemos decir de la LIBERTAD. No olvidemos que se en las ultimas décadas se ha confundido el término libertad con libertinaje (desenfrenado uso de la libertad).

A menudo se confunde el LIBRE ALBEDRÍO con la LIBERTAD. La libertad es la facultad o falta de impedimento para hacer una cosa. Es la facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad. A ello le podemos llamar el buen uso del libre albedrío.

También se confunde el LIBRE ALBEDRÍO con la VOLUNTAD. La voluntad es un acto consentido y decidido, es la capacidad humana para decidir con libertad lo que se desea y lo que no.- Es el deseo o intención o cosa que se desea. El libre albedrío es una facultad.

El libre albedrío implica la ausencia de cualquier imposición interna, y la libertad implica la ausencia de cualquier imposición externa.

“…porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7 RV60)

“En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!” (Gálatas 5:22-23 NTV)

El dominio propio es un fruto del Espíritu, implica control sobre uno mismo, significa templanza, pensar seguro, tener buen juicio, ser un modelo de pensamiento disciplinado, pero sobre todo la habilidad de entender y tomar decisiones correctas. Incluye las cualidades de autocontrol y autodisciplina. Sobriedad.

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;” (1 Pedro 5:8 RV60).

Sed sobrios es una exhortación a mantener la mente clara y no permitir que nada ni nadie estorbe la habilidad de pensar con claridad.

Cada vez que en el Nuevo Testamento aparece la exhortación a practicar el dominio propio, mantenerse bajo control, ser sobrios, etc., el contexto es un peligro inminente o repentino. Si como creyentes no nos mantenemos “sobrios”, el diablo se aprovechará e intentará producir estragos en nuestra fe, usando como medios el sufrimiento, la falsa doctrina y la ansiedad. Ser sobrios es vivir una vida caracterizada por el dominio propio, tanto en comportamiento como en actitudes y palabras.

Para entender mejor lo que es el dominio propio es necesario considerar el antónimo, o se lo opuesto a ello: la tolerancia y el desenfreno religioso.

Busquemos la llenura del Espíritu Santo en nuestras vidas, ya que solo así nos distinguiremos por nuestro control propio y nuestra mente clara.

Sea la llenura del Espíritu Santo en todos ustedes.

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