Proverbios 1.33

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“En cambio, todos los que me escuchan vivirán en paz,
tranquilos y sin temor del mal”.

A lo largo de nuestra vida debemos identificar cuáles son los verdaderos problemas respecto de los que no lo son, y que mejor para ello que identificar lo que está dentro de nuestro control y ocuparnos en eso, dejando fuera las cosas o situaciones que no están en nuestro control.

Cuando fuimos pequeños, nuestro padre o madre controlaban nuestra vida para protegernos (bueno, así debería de haber sido), nos alimentaron, nos educaron y a su manera nos demostraron su amor, hasta que crecimos, llegamos a ser adultos y nos casamos. Y ya casados, ya con hijos, entonces empezamos nosotros con ese circulo de controles o responsabilidades.

Pero algo importante que debemos hacer, además de saber identificar nuestros problemas, es aprender a lidiar con las preocupaciones. Hay quienes se preocupan en el trabajo para poder ganar dinero y pagar su hipoteca (problema), pero también hay quienes se preocupan porque su vecino de a lado se compró un coche nuevo y él no puede hacer lo mismo (problema). Indudablemente hay de preocupaciones a preocupaciones y eso, invariablemente, nos llevará a tener otros problemas: ansiedad, frustración, envidia, afán, etc.

Por ello hagámonos esta pregunta:

¿Realmente tenemos un problema o nuestra forma de pensar o de ver las cosas son las que están causando que se genere un problema?

Dios me ha enseñado que en esta vida todo tiene solución, y muchos dirán “menos la muerte”; pues no, permítame decirle que hasta eso tiene solución, porque con Cristo aseguramos la vida eterna, porque con Cristo morir es ganancia.

El gran tema es que debemos pedir sabiduría y paz de Dios para poder discernir y entender cuál es la situación que tenemos en frente. El tamaño del problema lo determinamos nosotros: o lo tomamos en nuestras manos o de plano lo hacemos un gigante.

En nuestra vida existen inconvenientes o problemas de diferente índole, tales como espirituales (de gran importancia, por cierto), físicos, emocionales o afectivos, sociales o culturales, etc., más sin embargo, la Biblia fue escrita para guardar y proteger al hombre y a la mujer de meterse en problemas.

Yo los invito a que identifiquemos el origen del problema empezando por examinarnos a nosotros mismos. Además de Dios nuestro Señor, nadie en este mundo nos conoce tan bien como nosotros mismos. No podemos engañarnos. Pidamos a Dios escudriñe nuestro corazón para que nos permita ver dónde esta el problema.

Muchas veces culpamos al enemigo de nuestros problemas, cuando realmente nosotros somos la causa de los mismos. Recuerdo una persona que llegó a pedirme un consejo porque su negocio no iba bien, a pesar de que diezmaba y ofrendaba fielmente en su iglesia, a pesar de que se esforzaba por ser un buen padre y un buen esposo. Cuando le pedí me explicara la forma en que llevaba su negocio inmediatamente llegué a la conclusión de que la integridad y honestidad por parte de él no eran cualidades que aplicara en su trabajo; así de sencillo identificamos el problema. En el caso particular, como le expliqué, Dios no le iba a prosperar enviándole clientes para que los engañe o robe, así de sencillo.

La Palabra de Dios es un poderoso manual que si seguimos fielmente nos llevará a un destino seguro, un manual que si seguimos al pie de la letra nos llevará a vivir confiadamente en el Señor nuestro Dios. Esa sabiduría que nos proporciona la Palabra de Dios debemos de aplicarla en la práctica aquí en la tierra para saber identificar el origen de los problemas y su posterior solución, porque es Palabra viva y eterna, porque es Palabra que no tiene fecha de caducidad y porque es Palabra de Dios.

Dios les bendiga abundantemente.

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