Hablemos de bendiciones.

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Deuteronomio 8:7 (NTV)

“Pues el SEÑOR tu Dios te lleva a una buena tierra, con arroyos y lagunas, con fuentes de agua y manantiales que brotan a chorros de los valles y las colinas.»

Dios en Su Palabra nos enseña que el propósito que tiene siempre para sus hijos es la bendición; pero si en toda época Dios quiere bendecirnos en todo tiempo ¿Por qué no llega la bendición nuestra vida?

Sin duda alguna Dios quiere prosperarnos en todo, no solo económicamente, y para ello necesitamos aprender a conocer a Dios como Papá, pues ÉL es un Padre bueno. La bendición de Dios demanda un lugar para poder descargarse; no podemos tratar lo sagrado de Dios de forma impura, porque la bendición de Dios es un privilegio.

El querer y el hacer lo agrega Dios en nuestra vida.  Cuando Dios nos da sueños, ÉL nos da todo lo demás para conseguirlos: nos da fuerzas para lograrlo, nos da ímpetu para luchar por ello y nos da el gozo para disfrutarlo, pero no hay que olvidar que Dios nos ayuda a conquistar nuestros sueños solo a través de nuestro actuar, solo cuando accionamos y dejamos nuestra zona de confort.

En ese sentido, tenemos que portarnos a la altura y no despreciar lo que Dios nos ha dado.  Así es, ÉL nos ha dado dones, talentos, capacidades y el propósito de Dios tiene que traducirse en logros por parte de Sus hijos, y esos logros únicamente se pueden obtener mediante el ejercicio de tales dones, pero sustentados en la gracia de Jesucristo.

No podemos presumir con nuestros dones y talentos, porque lo que los mueve es la gracia de Jesús, ya que la gloria de nuestros logros siempre es para ÉL.

Pero, insisto, por qué no llega la bendición?

“Las palabras del chismoso parecen suaves, pero penetran hasta lo recóndito del ser.” (Proverbios 26:22 RVA)

Primero, porque nos la pasamos hablando mal de los demás. La Palabra dice que de toda palabra ociosa que salga de mi boca, tendré que dar cuentas a Dios.

Para que la bendición de Dios se refleje en nuestra vida, lo que sale de nuestra boca solo debe ser la verdad. Si algo no nos consta, no hablemos de ello; no podemos hablar por comentarios de otros. Si lo que vamos a hablar no es verdad, mejor guardemos silencio.

Ahora bien, aún cuando lo que queramos decir sea verdad, pero con eso afectamos la fe de otra persona, es mejor no decir nada. Si le vamos a provocar un pensamiento negativo o un daño a otra persona con lo que le vamos a decir, aunque sea verdad, es mejor callar; debemos ser personas honorables y justas a la hora de hablar.

“No toleraré a los que calumnian a sus vecinos; no soportaré la presunción ni el orgullo. (Salmos 101:5 NTV)

Segundo, porque somos orgullosos. La soberbia o el orgullo son ese punzón que el diablo nos pone para creernos más que los demás, para tomar en poco a otras personas, para creer que solo nosotros lo podemos hacer.

“El SEÑOR dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti.” (Salmo 32:8).

Tercero, porque no pedimos consejo.  Nuestra vida puede llegar a estar libre de toda bendición, si no pedimos consejo, viviendo entonces en desorden, viendo entonces negligentemente.

Los peores errores en nuestra vida suceden cuando no consultamos a Dios. La oración es importante en las decisiones: si queremos una novia o una carrera o cualquier otro anhelo en nuestra vida, debemos buscar a Dios y pedir su orientación; Dios tiene planes y se van a cumplir en nosotros, si y solo si nuestros planes están alineados con los de ÉL.

Actuemos con sabiduría y humildad bajo la guía del Señor nuestro Dios, reconociendo que la gloria ha sido, es y será para Jesucristo Su Hijo, y les aseguro que solo entonces vendrán Sus bendiciones.

Dios les bendiga grandemente.

MAVB

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