¡Gocemos del fruto de nuestro trabajo!

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Salmos 128 (NTV)

«¡Qué feliz es el que teme al Señor, todo el que sigue sus caminos! Gozarás del fruto de tu trabajo; ¡qué feliz y próspero serás!
Tu esposa será como una vid fructífera, floreciente en el hogar.
Tus hijos serán como vigorosos retoños de olivo alrededor de tu mesa.
Esa es la bendición del Señor para los que le temen. Que el Señor te bendiga continuamente desde Sión; que veas prosperar a Jerusalén durante toda tu vida. Que vivas para disfrutar de tus nietos. ¡Que Israel tenga paz!»

Si podemos analizar un poco la historia del hombre, independientemente de la búsqueda por parte del mismo de los medios, satisfactores o mecanismos que le hagan más fácil o más cómoda su forma de vida, podemos darnos cuenta que pasamos toda nuestra existencia luchando por encontrar ese “equilibrio” o “éxito” en todas las áreas de nuestra vida, ya sea en lo personal y profesional, ya sea en nuestro matrimonio, ya sea en nuestra familia, ya sea en nuestra economía, ya sea en nuestro trabajo, empresa o negocio, etc.

Incluso, buscamos consejos y asesorías de especialistas, a fin de poder llegar a ese tan esperado “éxito” o “realización” personal, porque llegar a la cúspide de la montaña nos hace ser merecedores del respeto y admiración del mundo, porque nos hace “mejores que los demás”, porque desafortunadamente esos son los estándares que el propio hombre ha establecido a lo largo de su historia.

Sin embargo, es una pena que el propio hombre no termine de convencerse que Dios nuestro Señor, además de hacernos y considerarnos su máxima creación, nos dio también el manual de funcionamiento para vivir armoniosa y agradablemente delante de los ojos de ÉL, porque precisamente el parámetro para medir nuestro éxito o equilibrio alcanzado a lo largo de nuestra vida está en función de Dios.

Y es precisamente en ese manual, en la poderosa Palabra de Dios, en donde encontraremos la respuesta a todo lo que nos podamos imaginar.  Para muestra el Salmo 128 que hoy nos ocupa.

La Palabra nos dice que el principio de la sabiduría es el temor a Dios y yo lo creo, porque tiene que ser esa sabiduría de lo alto la que nos haga brillar delante de los demás y la que sustente nuestras decisiones.  Temor en este contexto no tiene nada que ver con miedo, sino con la honra, reverencia, y respeto.

Este Salmo es tan claro y sencillo en sus letras, que no necesitamos ser eruditos en la Palabra de Dios para no entender que si le honramos a Dios, entonces ÉL obrará en todos los aspectos de nuestra vida.  Nos habla de la prosperidad y bendición en los aspectos más importantes para el hombre: su familia.

Dios conoce con exactitud cómo somos cada uno de nosotros.  Dios sabe de nuestra terquedad; Dios sabe de nuestra obstinación por hacer lo malo; Dios sabe de nuestra inclinación por lo fácil, por lo que no nos cuesta trabajo; Dios sabe de nuestra incredulidad.

Es por ello que no obstante de habernos dado ese Manual de Vida que es Su Palabra, ante nuestra incredulidad y desobediencia, decidió entregar lo más valioso de ÉL para que nosotros tuviéramos un único Camino, para que nosotros tuviéramos una Única Verdad, para que nosotros tuviéramos una Única Vida, que nos hiciera llegar a Dios Padre.

Para quienes no creen en nuestro Único y Maravilloso Dios, les resulta ofensivo escuchar, leer o ver cómo, quienes si creemos, le adjudicamos a Dios todo cuanto existe sobre la faz de la tierra; les resulta ofensivo como, quienes si creemos, le damos a Dios todo el honor y toda la gloria de lo que acontece alrededor de nuestras vidas. Me imagino como ha de retumbar en sus pequeñas cabezas tales creencias, porque para ellos es locura.

Y si, estamos locos. Somos unos locos enamorados del Único Dios del universo; somos unos locos seguidores de Jesucristo Su Hijo;  somos unos locos revestidos del poder de Su Espíritu Santo.

Dios les bendiga abundantemente.

 

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