Dios de justicia (segunda parte)

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1 Juan 2.29 (RV60)
“Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él.”

LA NATURALEZA DE DIOS es justa y santa, la naturaleza de Dios es recta:

“Oh SEÑOR, tú eres recto, y tus ordenanzas son justas.” (Salmos 119:137 NTV).

La justicia y santidad de Dios son sus virtudes fundamentales:

“Justicia y juicio son el cimiento de su trono” (Salmos 97:2 RV60)

La justicia de Dios es uno de sus atributos morales. ÉL es el único justo en sentido absoluto. La justicia es la primera manifestación de la santidad. Dios ama la justicia y aborrece la maldad:

“Has amado la justicia y aborrecido la maldad;…” (Salmos 45:7 RV60)

Dios ejerce su gobierno con justicia:

“Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de justicia es el cetro de tu reino.” (Salmos 45:6 RV60)

Dios ejerce misericordia sin invalidar su justicia:

“La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron.” (Salmos 85:10 RV60)

Todos los caminos de Dios son justos; Él siempre obra en justicia:

“El SEÑOR es justo en todo lo que hace; está lleno de bondad. (Salmos 145:17 NTV)

DIOS HA MANIFESTADO SU GRACIA PARA HACERNOS JUSTOS POR MEDIO DE JESUCRISTO:

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.” (Tito 2:11-12 RV60)

El Profeta Isaías profetizó que el Mesías (Cristo) establecería justicia en las naciones:

“He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.” (Isaías 42:1-4 RV60)

Cristo reveló la justicia y santidad de Dios en su propio carácter y conducta:

Debemos aprender que Jesucristo vino para salvarnos del pecado y transformarnos en hombres justos. Es por ello que la justificación comprende dos aspectos importantes:

El perdón de los pecados pasados:

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. Romanos 3.23-26

La liberación de una vida de pecado:

“Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.” (Romanos 6:17-18 RV60)

En su muerte Cristo derramó su sangre para el perdón de nuestros pecados, y crucificó nuestro viejo hombre, a fin de que no sirvamos más al pecado. Y en su resurrección nos impartió su vida para que vivamos en santidad y justicia como ÉL.

En virtud de nuestra unión con Cristo, debemos considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios (Romanos 6:11), porque mediante la renovación de nuestro entendimiento debemos despojarnos continuamente del viejo hombre y vestirnos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efesios 4:22-24).

El hijo de Dios, el que ha nacido de nuevo, no practica el pecado, no hace injusticias. El Apóstol Juan declara:

“Todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”

“Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Juan 3:6-10 RV60)

La gracia salvadora de Dios nos enseña que, renunciando a toda impiedad, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, porque separados de Cristo NADA podemos hacer.

Busquemos ser justos delante del Padre y nuestros semejantes, y ello solo se logra teniendo amistad con el Hijo, ellos solo se logra revistiéndonos de la gracia de Jesús, el Primogénito de Dios.

Dios les bendiga grandemente.

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