Gozo en el cielo

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Juan 8:31-32 (NTV)

“Jesús le dijo a la gente que creyó en él: -Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.”

Debemos ser agentes de cambio y sin avergonzarnos de que Cristo está en nuestro corazón; en ocasiones tenemos más prejuicios nosotros los creyentes que los que aún no lo son.

Debemos tener presente siempre en nuestro corazón el ganarnos a la gente para Cristo, sin prejuicios, ni temores.

No permitamos que las tinieblas (temores, chismes, odios, rencores, prejuicios inútiles, negativismo, murmuración, etc.), invadan nuestro corazón, por el contrario, permitamos que la luz del Señor (amor, gozo, paz y justicia en el Espíritu Santo de Dios), nos invada por completo; por eso, manténgamos nuestro corazón guardado para Dios, porque hemos sido libres para celebrar, y la misma Palabra del Señor dice que el gozo del Señor, es nuestra fortaleza.

Es la razón por la cual, aunque oremos mucho, pero si no tenemos gozo, nuesra oración es débil, y esto es para toda actividad que tengamos, sea en el trabajo, la casa, en el ministerio, etc., si no hay gozo en nuestro corazón, entonces todo lo que hagamos será débil.

El gozo del Señor lo necesitamos para todo, porque es de la única forma que podemos quebrantar todo problema que se nos presente en la vida; debemos entender que hemos sido libres, para celebrar, no obstante, el punto es si nos hemos dado cuenta que ya somos libres, esto es, no tenemis que creer esas mentiras que el diablo nos había colocado en nuestra mente antes de conocer a Cristo; porque la Palabra lo dice: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Quizás no podemos controlar toda circunstancia, pero sí el hecho de cuidar nuestro corazón y por tanto tener dominio propio, no entregarle a otro el dominio de nuestros sentimientos, o de nuestro estado de ánimo, por tanto, nadie tiene autoridad para amargarnos la vida; por tanto debemos tener presente siempre el perdón para los demás pero no permitir que nadie nos robe el gozo del Señor y entender que la vida hay que enfrentarla con fuerza, por ello, debemos fortalecernos en el gozo del Señor, por tanto, debemos llevar el Gozo de Dios a la escuela, a la universidad, a la oficina, a la empresa, y por supuesto a nuestra casa y a todas partes por donde vayamos.

Recordemos que lo nuestro siempre loserá perdonar, aunque parezca algo humanamente difícil, pero debemos hacerlo, porque es donde demostramos que realmente somos hijos de Dios; porque un hijo de Dios sonríe en medio de la adversidad; porque nacimos para derribar gigantes –como hizo David con Goliat-, no nacimos para derribar enanos; no importa qué tiempo nos lleve, quizás a unos más que otros, pero lo importante es tener claro siempre que en Cristo, somos más que vencedores.

Quizás por cada intento que hayamos hecho, ahora nos sintamos cansados, pero hoy a la luz de su Palabra, podemos renovar nuestras fuerzas porque tenemos a un Cristo victorioso dentro de nuestra vida (Isaias 40:29-30), como siempre la Palabra nos ayuda a fortalecernos en Dios; porque no serán fuerzas nuestras, sino directamente desde el cielo, enviadas para nosotros, por tanto, humillemos al diablo con nuestro gozo y con nuestra mejor sonrisa, y alabemos a Cristo con todo nuestro corazón siempre, y para ello, necesitamos cuidar algunos aspectos importantes:

1. Demos importancia a su Palabra. Así como Dios llamó a Moisés para revelarle su plan, hoy nos llama a nosotros para revelarnos el plan que tiene con nosotros y con nuestra familia; obviamente no será fácil, va a requerir fuerza, por ello debemos estar llenos del gozo del Señor y fortalecernos siempre en Cristo; es de la única forma que superamos lo que sea, tristeza, depresión, adicciones –droga, pornografía, alcohol-, el pecado que no podíamos expulsar de nuestra vida, hoy en el Nombre de Jesús y por su Palabra, sale de nuestra vida.

El Señor no está en nuestra contra, al contrario, está por nosotros; Dios no se ha olvidado de nosotros. El Señor extiende su mano a nuestro favor también; Dios no sacó a su pueblo de Egipto en pobreza ni en ruina, porque en realidad todas esas joyas y ese oro, lo habían obtenido los egipcios con base en el dolor y la vida de los esclavos, razón por la cual, era a ellos a quienes les pertenecía.

De igual forma, cuando Dios nos saca de Egipto –esclavitud por el pecado, las adiciones etc.-, no nos saca pobres, sino que nos saca para celebrar y honrarle a ÉL, y nos saca a toda prosperidad en nuestra vida; porque todo lo que el enemigo nos quitó, ahora nosotros podemos despojarlo a él y a Egipto –esa esclavitud en la cual nos encontrábamos antes-, tendrá que devolvernos todo y aún más.

Ahora bien, hay que ser conscientes de que puede ser muy difícil, así como sucedió con los israelitas, pero Dios meterá su mano y mientras tanto, debemos permanecer gozosos en el Señor.

Es necesario que le demos importancia a Su Palabra, que la creamos y como consecuencia, cambiemos nuestras actitudes.

2. Demos nuestro corazón a Dios. El Señor –dice la Escritura-, sacó a su pueblo, para que le presentara sacrificios (Éxodo 5:1); esto quiere decir, que cuando nos congregamos es con el fin de celebrarle fiesta a Dios, para que nuestro espíritu se abra a la Palabra de Dios, y esto sea netamente espiritual, porque es de la única forma en que la Palabra nos cambia, nos renueva, para que nos dispongamos para el Señor; es de la única forma en que alcanzamos sus bendiciones, para que su Espíritu Santo entre a nuestro corazón, porque es allí en ese momento cuando el Señor saca de nosotros toda raíz de angustia, de condenación, de temor, etc.

Los israelitas no celebraron su fiesta en la Tierra Prometida, lo cual obviamente sería muy comprensible, sino que la celebraron en el desierto; y es allí donde igualmente nosotros debemos celebrar fiesta, en ese desierto –sentimental, de pareja, empresarial, financiero, etc.-, por el cual estemos pasando, es donde hay que celebrar fiesta para el Señor; porque la fiesta es la que nos da autoridad para llegar a la tierra prometida.

Cuando celebramos fiesta en el desierto no habrá nada que impida que recibamos los frutos de la tierra que fluye leche y miel –para nuestro hogar, familia, empresa, etc.

Disfrutemos todo lo que Cristo nos ha dado y no le demos a nada, ni a nadie, el derecho de afligir nuestro corazón.

Dios les bendiga grandemente.

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