Poderosa debilidad.

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2 Corintios 12.9–11 (NTV)
“…y me ha dicho: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad.” Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo. Por eso me complazco en las debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones y angustias por la causa de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Ya en ocasiones anteriores hemos estudiado como en el desfallecimiento humano del Apóstol Pablo se revelaba el poder de Cristo. Por ello, cuando él estaba más incapacitado, entonces era más fuerte porque intervenía la presencia del espíritu de Cristo, que es poder y fuerza.

Pero una cosa es que Cristo se fortalezca en nuestras debilidades y otra cosa es la debilidad que hay en nosotros derivada del temor, derivada de los fracasos y frustraciones. El temor es una fe en sentido negativo.

La debilidad que Dios nos pide no tiene nada que ver con el temor, de ninguna manera. La debilidad que pide Dios en nosotros tiene que ver con menguar en nuestras capacidades y autosuficiencias, a fin de volvernos fuertes y capaces mediante la gracia de Jesucristo, porque la honra y gloria siempre es para ÉL.

Debemos dejar la debilidad derivada del temor, frustración y fracasos fuera de nuestra vida.

“… diga el débil: Fuerte soy.” (Joel 3.10 RV60).

Ya hemos aprendido parte de la vida de Elías y si leemos un poco más acerca de él en la Palabra, podremos aprender que Dios usó a Elías poderosamente para transformar a otros. Vaya que si. Por ejemplo, Dios eligió a Elías para ungir a Eliseo y la unción de Eliseo fue doblemente mayor que la de Elías porque en este último nunca hubo debilidad derivada del temor. De hecho es impresionante lo que Dios hizo con Eliseo aún después de muerto este último:

“Cierta vez, mientras unos israelitas enterraban a un hombre, divisaron a una banda de esos saqueadores. Entonces en el apuro arrojaron el cuerpo en la tumba de Eliseo y huyeron; pero en cuanto el cuerpo tocó los huesos de Eliseo, ¡el muerto resucitó y de un salto se puso de pie!” (2 Reyes 13:21 NTV).

Vaya que era poderosa la doble unción de Dios en Eliseo que aún sus huesos resucitaron un muerto!!!

Cuando nos disponemos a vivir bajo el poder de Dios, bajo la gracia de Jesucristo, seguramente habrá mucha gente alrededor de nosotros a la que Dios va a cambiar su vida, usándonos como poderoso instrumento de ÉL, pero solamente lo hará cuando en nosotros no haya debilidad derivada del temor, de los fracasos y las frustraciones. Por el contrario, cuando seamos débiles en nuestras capacidades, facultades y habilidades, convencidos de que no es bajo nuestra propia prudencia, entonces seremos poderosos en Cristo.

No nos justifiquemos de nuestras debilidades derivadas del temor y nuestros fracasos para ganarnos el favor de Dios, no. Dios se goza dándole bendiciones a sus hijos porque ÉL quiere ser glorificado, no porque nos encuentre amedrentados y débiles en temor. Tenemos un Papá en el cielo extremadamente rico, no pobre; tenemos un Papá en el cielo que no es débil, sino infinitamente poderoso; tenemos un Papá en el cielo que nos ama, nunca habrá odio en ÉL.

No hay lugar para la debilidad derivada del temor; que nos baste la gracia de Jesús, que es lo único que necesitamos para caminar confiados y seguros.

Dios les bendiga grandemente.⁠⁠⁠⁠

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