¡Papito Dios!

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Romanos 8:14-16 (RVA)

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no recibisteis el espíritu de esclavitud para estar otra vez bajo el temor, sino que recibisteis el espíritu de adopción como hijos, en el cual clamamos: “¡Abba, Padre!” El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.”

La palabra “Abba Padre” significa “Papito Dios”, y es así como el Señor Jesús nos enseña a acercarnos al Padre y esa relación significa cercanía, ternura y respeto. Es una referencia de cercanía de Dios el Padre con nosotros Sus hijos, porque ese es su deseo. En esa cercanía es que nosotros podemos disfrutar de Su amor, por eso es que esto debe ser lo más importante para nosotros, porque es lo que ÉL desea y es Su amor lo que cambia todo en nosotros, porque justamente cuando recibimos a Cristo en el corazón, nos hace cercanos a Dios y nos aleja del pecado, de la maldad, el odio, del resentimiento, de la amargura, etc.

Por el contrario, si nos alejamos de Dios, entonces vuelve aparecer todo lo que antes estaba en nuestra vida, porque la base de todo es poder disfrutar de Su amor y es así como somos sanados en nuestro corazón, para poder ser personas conforme al corazón de Dios. 

La cercanía con Dios se hace evidente cuando al escuchar las Palabras que salen de la boca de Dios, las ponemos por obra en nuestra vida, es decir, que nosotros somos tan cercanos de Dios, como sea nuestra vida de cercana a obedecer. Así que no somos cercanos a Dios simplemente por creer en Dios, porque habemos quienes creemos en Dios y nos pasamos la vida haciendo cosas que no debemos hacer.

A nosotros nos enseñaron que para agradar a Dios teníamos que hacer infinidad sacrificios y afortunadamente no es así, ya que nuestro Señor Jesucristo ya pagó todo lo malo que hicimos, y por Su amor hacia nosotros  ÉL ya asumió las consecuencias de nuestra maldad.

Debemos entender que Dios nuestro Señor es el Padre de todos nosotros, y en esa relación de Padre e hijos tenemos que experimentar de Su disciplina, porque ÉL disciplina al que ama (Hebreos 12:6), puesto que nos tiene que formar.  

“Por lo tanto, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.” (Efesios 2:19 RVA)

Dios nos ha hecho miembros de Su familia, por ello en la casa de Dios es cuando más nos debemos gozar con nuestros hermanos en Cristo, porque el amor de Dios nos da ese privilegio. Jesús fue dotado por el Padre de la capacidad para resolver y vencer en la vida y debemos creerlo de todo corazón que nuestro linaje viene del Señor, y es el linaje de un Rey victorioso, es un linaje de vencedores, del mismo linaje de Jesús nuestro Señor.

“Es más, dado que estamos unidos a Cristo, hemos recibido una herencia de parte de Dios, porque él nos eligió de antemano y hace que todas las cosas resulten de acuerdo con su plan.” (Efesios 1:11 y 12 NTV)

Debemos estar conscientes, como hijos de Dios, de la calidad de Padre que ÉL tiene en los cielos. Dios como Padre es extraordinario y cuando entendemos Su obra en nosotros, entonces ÉL empieza a construir una nueva persona.  La honra consiste en que todo aquello que hagamos en esta vida, muestre la clase de Papá que tenemos, es la razón por la cual debemos ser extraordinarios en todo lo que hagamos, ya sea como esposos, ya sea como hijos, ya sea como empresarios, ya sea como estudiantes, ya sea como siervos de ÉL, etc.  En todo lo que hagamos debemos ser como Él, extraordinarios. 

Debemos entender que la honra que merece nuestro Padre celestial, es que toda nuestra vida será para servir a Su propósito, al punto que cuando terminemos nuestra vida aquí en la tierra, podamos enfrentar dos momentos ineludibles y personales: primero, la muerte; y segundo, el Juicio de Cristo, y para esos dos momentos debemos estar bien preparados. Es la razón por la cual debemos proponernos honrar a Dios en esta tierra con lo que nos ha dado, porque debemos honra al Padre y la mejor forma de mostrar esa honra es haciendo cada cosa de forma extraordinaria.

“»Por tanto, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; de modo que de la presencia del Señor vengan tiempos de refrigerio y que él envíe al Cristo, a Jesús, quien os fue previamente designado.” (Hechos 3:19-20)

Debemos aprender a disfrutar de la herencia del Padre Dios, porque ÉL honra a quien le honra.  No hay más honra a Dios que cuando nosotros nos arrepentimos genuinamente de todos nuestros pecados, sacando de nuestra vida toda justificación, porque la puerta de la felicidad se abre precisamente cuando tenemos ese arrepentimiento sincero delante de Dios

Reconozcamos y honremos a nuestro “¡Papito Dios!”.

Bendiciones sobreabundantes para todos ustedes.

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